Guillermo Ross Murray
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03 febrero, 2008
Aldo Profumo Coronata

Por calle Vivar venden zapatos, carne y remedios en medio de un ruido que apesta. Nuestro iquique cálido, fraternal y pacífico desaparece vertiginosamente.
Día tras día, por nuestras calles céntricas, para los adictos a celulares emergen nuevas capillas y lugares de peregrinación. Por ejemplo, donde estaba Las Dos Estrellas ahora un banco nos interrumpe el paso, y donde se alzaba aquel centenario edificio que recibió al presidente Balmaceda, muy pronto será sede de Almacenes París.
El comprar que antes también era una manera de convivencia y amistad se hace impersonal, ajena, un simple cambio de plata por cosas.
Aldo Profumo Coronata fue alguien representativo de aquel comerciante iquiqueño casi ya extinto. Donde su tienda era también lugar para la conversación, recuerdos y esperanza. Concurrían ex-alumnos del Colegio Don Bosco, vecinos de la Población Gabriela Mistral, bomberos, sus alumnos de modelismo naval; en fin, los viejos iquiqueños.
Profumo Coronata nos dejó para siempre a mediados de Enero. Descansa ya en el Cementerio Nº1. Pero su presencia y sus anécdotas circularán por nuestro Iquique de ayer.








